EL AMOR QUE YA TIENES PERO QUE NO VES

ImagenContrariamente a lo que crees, el amor incondicional te rodea y está más a tu alcance de lo que imaginas. No lo usas más porque no sabes lo bien que te sienta. No lo percibes porque lo buscas donde no está. Te aseguro que ese amor puro e incondicional que tanto alimenta ya está necesariamente presente en tu vida en dosis masivas, epidémicas, solo que no se aloja en grandes gestos épicos o en escenas de película por las que saldrás en las noticias. Para conectar con él y darte cuenta de su omnipresencia tendrás que rebuscar en medio de tus escenas cotidianas, de esos instantes de perfección que destacan en el oleaje de tu día a día convencional, en la forma en la que cedes el paso a un desconocido porque te da la gana, no por cortesía, en el modo en el que llamas a tu pareja porque de pronto te importa que sepa que te acuerdas de ella, no porque le tengas que encargar que pase por el super, en esa caricia casi automática con la que te comunicas con tu perro cuando él, siempre fiel, se acurruca a tu lado o en la tierna perplejidad con la que recoges por enésima vez el juguete que tu hijo tira inmediatamente al suelo para disfrutar de la curiosísima ley de la gravedad… Como te decía, el amor incondicional no es una quimera, una utopía que alcanzarás después de horas de ayuno y meditación, es una realidad tangible que impregna de forma discreta tu día a día, sólo que no te das cuenta y, sobre todo, no lo reivindicas. Y es una maldita, maldita pena. Porque al no reivindicarlo, dificultas que crezca, que prospere y que te conmueva, que es su verdadera función: alejar de ti el dolor. Está ahí, pero no lo ves. Lo tienes en las manos, pero no lo sientes. Dime si no es una triste paradoja. La propuesta de este artículo es animarte a que enciendas el receptor y sintonices con ese amor que ya tienes pero que no ves. Que rompas con la ceguera. Eso te sentará bien. Es una promesa.Imagen

 

 Pero no te confundas, que el amor incondiconal no esté presente en forma de grandes causas, de hechos memorables en tu vida, no se debe a que su naturaleza sea la sencillez, venga en talla S o no se pueda escribir con mayúsculas, se debe a que tú sólo te dejas experimentarlo y expresarlo en gestos raudos, desprovistos de luz y taquígrafos. En otra palabra: sólo conectas con el amor incondiconal cuando consigues, por fin, bajar la guardia. El amor incondicional forma parte de tu naturaleza, y le cuesta lo mismo reflejarse en gestos grandilocuentes o incrustarse, cual marquetería emocional, en tu día a día ajetreado, efímero y ruidoso. Al amor incondicional nada le cuesta nada porque es el poder más grande al que tendrás nunca acceso. Así que esta es la buena noticia, que el amor incondicional forma parte de ti, ya está en tu vida. La mala noticia es que no lo ves, porque lo buscas en grandes causas, en momentos trascendentes, no lo ves porque te pones a prueba y no pasas la prueba. Suspendes el examen pero apruebas la evaluación continua. No te das cuenta de que amas más de lo que te percatas. Y al no verlo, no ayudas a que se desarrolle ni le sacas todo el partido que debieras. Es como el sol que tapa la nube: la nube no puede tocar al sol, mucho menos apagarlo, pero puede hacer que creas que no está, que el sol te ha fallado. El problema reside en tu mirada. La tienes ajustada para el protagonista equivocado, para la nube… La tienes al servicio de tu miedo o de tu ego, vives esclavo del qué dirán, pendiente de que no se aprovechen de ti, de tu ingenuidad o de tu buena fe. Y ese es el quid del problema. Que el verdadero amor, tiene una característica muy, muy incómoda: es totalmente irracional, no se puede justificar y no te dará seguridad a base de prometerte nada. Carece de esa lógica extraña que le aplicamos a las cosas. Esto es porque es entero, no necesita causa externa, es, como decíamos sin condiciones, sin más. Es porque sí, desinteresado. Genuinamente incomprensible. A la respuesta “por qué lo haces” un gesto de amor, si pudiese hablar, diría: “¿qué clase de pregunta es esa? Lo hago porque sí, porque me da la gana.” El amor, cuando es verdad, no trata de usar a nada ni a nadie. Te abre el corazón y es un premio en sí mismo. Como te decía, el amor incondicional es lo que mejor te sienta, pero no lo sabes porque lo practicas poco a conciencia, te ocurre sólo cuando bajas la guardia y olvidas tus comprensibles defensas de pequeño ser humano asustado.

Despreocúpate, el amor es tu mejor protección. No te hace vulnerable. Te convierte en una persona libre y poderosa. La razón por la que no sabes eso, por la que mi aseveración te puede llegar a parecer ridícula o desproporcionada es que vivimos en un mundo que teme a las personas libres y poderosas. Por eso des-educamos a los niños para que dejen de sentir ese amor puro e incondicional que les caracteriza, les adiestramos para que se preparen para un mundo de agresiones y decepciones. Y luego, una vez desconectados de ese amor puro e incondicional, ese mundo de agresiones se completa, y se hace realidad. Pero es porque te enfrentas al ejército invasor con una pobre espada de madera, y dejas a un lado tu varita mágica. Cada vez que crees que si no ganas nada, no debes actuar dejas atrás a tu niño, y te vuelves un ser humano frágil. Y eso es una lástima. Hablarte de la cura de esto podría llevarnos semanas, así que empezaremos por una consigna sencilla: practica más el amor desinteresado. No escojas para tu práctica los momentos con redoble de tambor, en los que tu guardia está alta, hazlo donde puedas, como puedas, en esos instantes en los que creas que no te juegas la vida. Pero hazlo más. Practica con red, ponle las ruedas pequeñas a tu bicicleta, empieza a hacerlo con conciencia y con cariño hacia ti mismo. Cuanto más practiques el hacer el bien sin mirar a quien, más verás que el sol no sólo no se va, sino que es capaz de disolver la nube a miles de kilómetros de distancia. Habrás conectado con un poder que no te puedo describir con palabras. Es necesario que hagas la prueba. Luego, tal vez tú se lo puedas contar a otros. Afortunadamente, todos conocemos ejemplos vivos de cómo el amor incondicional es un poder sin límites. Casos manidos como Gandhi nos sirven de guía para aprender a dibujarlo. Pero lo que yo quiero decirte hoy, aquí, entre tú y yo, ante esta pantalla, es que el amor incondicional no es para héroes, es para ti, es para tu bienestar. Y no es un estado de gracia, es tu verdadera naturaleza. Ahora ya está, ya lo he dicho. Puedes volver a tu día y pensar que soy una ilusa utópica. Sé que algo de lo que has leído quedará. Confío en esa semilla. Recuerda: no se trata de grandes gestos, se trata de sentir que eres capaz de hacer algo sin más razón que el gusto de ser la mejor versión de ti mismo: una persona que ama. Practica. Practica. Practica. Te sorprenderás de lo que eres capaz.

Del blog de Gloria Méndez

AÑO NUEVO VIDA NUEVA

Siempre me había parecido una frase hecha esa de Año nueva vida nueva, pero este año si será así, la cosa no es de hoy pero desde los últimos meses del año pasado he ido viendo como mi vida va girando a veces despacito, a veces más rápida hacia otros derroteros;derroteros que me atraen, aprender cosas nuevas, coger por fin las riendas de mi vida, quitar lastre, hacer cambios, seguir teniendo sueños, propósitos que se que soy capaz de cumplir.

He visto por fin una luz allá en el fondo pero cada vez más cerca.

He dejado cosas y gente en el camino, pero está  bien así porque así tenía que ser, he ganado otras personas y situaciones que ahora son las que tienen que ser y estar.

Me siento inmersa en este cambio, en esta nueva etapa y contenta de que haya gente que quiera hacer el camino conmigo.

Seguiré estudiando y aprendiendo para ayudarme y ayudarlos.

Aprendamos a gestionar nuestra vida, nuestros cambios.año nuevo

LA PAZ INTERIOR (es mi anhelo)

Uno de los objetivos más elevados en el viaje de la Página de la Vida es conseguir transmitir las herramientas para alcanzar la paz; la paz interior, “la paz que supera toda comprensión”.

Pero uno de nuestros primeros descubrimientos cuando emprendemos el camino de la superación es la guerra que mantenemos con nosotros mismos. Nos enfadamos por nuestros errores; estamos resentidos por nuestras debilidades; nos resistimos a hacer realidad nuestras aspiraciones más elevadas. Queremos progresar en todas las áreas de la vida, pero no nos gusta su precio.

La resolución de estos conflictos estriba en el discernimiento de “lo que es” y ello nos lleva ineludiblemente a la Paz Interior.

La Paz Interior. Vivir conociendo esta cualidad profunda, aunque sutil, es estar tan bien sintonizado con el poder espiritual de la compasión y del amor que seamos contados entre los más próximos a vivir la plenitud de sus posibilidades Divinas. Pero ¿qué es esta paz personal e interior? Y ¿cómo podemos encontrarla?

La paz personal es ese sentido interior, etéreo, de bienestar emocional y espiritual, esa tranquilidad profunda que nos llega cuando somos capaces de desconectarnos de los pensamientos inquietantes, inútiles o amenazantes, y alcanzar a comprender la realidad de “lo que es”.

 

La paz personal subjetiva, pero muy real, es el sentimiento bien fundado y de unión que tenemos cuando nos liberamos de las preocupaciones, el sufrimiento, el dolor, el estrés y el miedo y somos conscientes de las incontables maravillas que nos ofrece la vida.

La paz interior es el conocimiento de que todo está bien, la compresión de que el Ser Universal lo tiene todo bajo control, aun cuando nuestro mundo parezca a punto de explotar. Nos llega cuando nos apartamos mental, emocional y espiritualmente, y a veces físicamente, de los embrollos mundanos, de los conflictos o de nuestras responsabilidades mal comprendidas.

La paz interior se convierte en una realidad cuando trasladamos nuestro centro desde los problemas que no podemos resolver hasta una visión más elevada de compresión del porque. Trascendemos. En este traslado, dejamos caer la tristeza y las preocupaciones. La dicha que queda es la paz.

Si queremos recorrer con éxito el camino que nos lleva a la paz interior, tendremos que desmontar algunos de los obstáculos personales que nos atenazan; el miedo al futuro y las lamentaciones por el pasado no son más que los primarios. El viaje completo a la paz interior significa que también tenemos que superar los baches de la envidia, los desvíos de la impaciencia, las calles sin salida de la terquedad y los puentes helados de la rigidez. Pero debemos viajar. El viaje hacia la paz personal no se realiza en un coche aparcado.

¿El camino de la paz? Pasa por la meditación trascendental o la oración en meditación, que es una disciplina olvidada y mal comprendida. La meditación en oración es una manera excelente de desarrollar la conciencia aumentada en todas las áreas de la vida. Pero es fundamental para alcanzar la paz interior y para conservarla.

Cuando nos atrapan las preocupaciones, o las actitudes de ataque o defensa, estamos desertando, en la práctica, de nuestras posibilidades de alcanzar ese bienestar. La persona que está bien no está en casa. Por ejemplo, podemos estar conduciendo, rabiosos por el tráfico, y perdernos por completo la hermosa puesta de sol. En lugar de verla, nos centramos en escenas interiores de preocupación y de miedo.

La meditación y la meditación en oración nos ayudan a trasladar nuestra atención al momento presente y al control de nuestra mente y de nuestro espíritu. Nos vuelve a traer a casa. Podemos soltar nuestras preocupaciones y estar abiertos y conscientes de la presencia divina. No conocemos otro medio más eficaz para conseguir la paz interior. Destinar un rato cada día a esta actividad será el mejor de los remedios para todos los males que acechan al hombre actual.

Los avatares de la vida cotidiana consumen un esfuerzo enorme. Los conflictos interiores agotan nuestros recursos. Se pierde la paz. Nos quedamos tan inmersos en la resolución de esta guerra interior que nos queda poca energía para hacer en el mundo algo más que ir tirando. Y existen momentos en los que incluso ir tirando es difícil.

El problema no es que falte energía, aunque nos sintamos cansados y fatigados. Tenemos la energía. El problema es que ésta está fragmentada. Necesitamos claramente encontrar una base firme para nuestro bienestar interior. La Paz Personal es esa base.

De modo que declaramos una tregua interior. Nos permitimos momentáneamente retirarnos de la batalla encarnizada. Nos tomamos un tiempo de sosiego. Somos conscientes de nuestras batallas y de nuestro agotamiento

Esta conciencia nos sitúa en una encrucijada decisiva. Uno de los caminos conduce de nuevo a la batalla. El otro conduce al distanciamiento, a la liberación y a la paz interior.

El camino de la reflexión y la meditación nos lleva a una nueva perspectiva. Nos damos cuenta de que nuestros conflictos interiores no son eternos. Pero no debemos mantenernos distanciados de nuestro deber de obrar. La energía que alimentó antes nuestra encarnizada batalla interna puede ser utilizada ahora para vivir creativamente. Con la práctica, nos volvemos centrados y serenos. Nuestra energía emocional y espiritual se dispara entonces hasta las nubes. Y estamos preparados, recargados, renovados para prestar servicio a nuestro mundo.

La paz personal engendra energía. Nuestro incremento eficaz de energía física y espiritual es consecuencia de nuestro descubrimiento de la paz interior. Y su empleo más efectivo significa que tenemos menores probabilidades de derrochar sus preciosos recursos en preocupaciones, lamentaciones, culpabilidades e indecisiones. Éste es un paso de gigante hacia la paz interior al nivel espiritual más elevado.

Cuando avanzamos por el camino de la paz interior ésta nos ayuda a convertirnos en verdaderos pacificadores; pero no en el sentido habitual de resolver las contiendas de otras personas o de otros pueblos. Por el contrario, nos convertimos en pacificadores cuando producimos la serenidad en nuestras almas. Entonces nos llenamos de un poder positivo, de un espíritu que nos carga de energía. Y cuando esa energía se utiliza para el bien, aumenta. Satisfará todas nuestras necesidades, y fluirá para ayudar a otros.

Creemos que la paz interior, que la paz personal es la energía vibrante que puede curar al mundo, que puede producir la paz entre las naciones. Creemos que la paz interior, la paz personal, puede traer al mundo una armonía duradera.

En realidad, los actos sencillos son las cosas que cambian nuestras vidas y nuestro mundo. La búsqueda consciente de la paz es uno de ellos. Si nos tomamos en serio la búsqueda de la paz interior nos convertiremos en libertadores.

Liberemos, renovemos.Imagen

TODO se puede conseguir…

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Hay muchas falsas creencias sobre el cambio, sobre los objetivos que queremos, todo lo que YO quiero se puede conseguir.

Los imposibles de HOY son los posibles de MAÑANA.

“Cincuenta y cuatro años,
Siguiendo el camino de los cielos
Ahora por encima
Sobrevolando
Haciendo añicos cada barrera 
¡Asombroso! Desatar todas las ataduras
Y todavía vivo, hundirse en el Amarillo de las Primaveras” 

Dogen

 

VAMOS A VIAJAR JUNTOS

amanecerEn este viaje maravilloso que he descubierto de el cambio y la solución de problemas vamos a hacerlo juntos a lo largo de un año de estudio y formación. Te iré poniendo al día de los avances y de la increíble sabiduría que desarrolla y que me hace sentir entusiasmada y que  hará de mi una mujer nueva, distinta y de ti si me sigues un ser nuevo y maravilloso  también¡¡¡¡